martes, 24 de febrero de 2009

Leonardo, la "Taverna delle Tre Lumache" y otras visicitudes culinarias


Una actividad, de entre todas las que cultivó, llama necesariamente la atención en la figura de Leonardo Da Vinci, un inusitado afán por la Gastronomía. La información que desvela la etapa culinaria del genio del Cinquecento está basada en su mayor parte en el polémico Codex Romanoff , llegándose en muchos momentos a mezclar su vida con la propia leyenda. Este Codex se supone propiedad de una familia italiana, escrito a máquina después de la IIª Guerra Mundial. Un tal Pasquale Pisapia supuestamente copió el texto a mano de un manuscrito de notas originales del propio Leonardo y dejó indicios de su conservación en el Ermitage de Leningrado (hoy San Petersburgo). La polémica llega cuando los directores del propio Museo de L´Ermitage evaden la posesión del manuscrito y no admiten la existencia del Codex. Aún así hay textos sobre notas y dibujos pertenecientes a Leonardo circulando. Sobre ellos me baso para revelar la facies coquinaria del autor de la Gioconda.


Su currículum culinario arrancó cuando era sólo un niño y comenzó a ser aleccionado por su padrastro el pasticcere Antonio di Piero Buti del Vacca da Vinci, más conocido como Accattabriga (buscalíos), en la pasión desmesurada por los dulces y la comida.


En 1469 un gordito Leonardo entrará como aprendiz en el taller florentino de escultura y pintura del maestro Andrea del Verrochio y coincidirá con otro dios del Olimpo Renacentista, el hermético Sandro Botticelli. Debido a su pantagruélica afición a los dulces y al relajo, Leonardo será continuamente castigado por su maestro Verrocchio por crapulando y será obligado a pintar él solo el ángel del extremo izquierdo del Bautismo de Cristo encargado por la Iglesia de San Michele in San Salvi. Según parece este tipo de castigos le hicieron tomar conciencia y comenzó a adoptar una aptitud menos excesiva en lo referente a los placeres, sobre todo en el culinario.


Para pagar las clases que le impartía el maestro Verrocchio y poder sobrevivir, en 1472, decide entrar a trabajar como camarero en la florentina “Taverna delle Tre Lumache”, la taberna de los Tres Caracoles, situada en el concurrido Ponte Vecchio. Pero misteriosamente, en la primavera de 1473, todos los cocineros del local mueren envenenados y Leonardo pasa a hacerse cargo de la reestructuración de la cocina, abandonando momentáneamente el taller del maestro Verrocchio. Este nuevo puesto y nueva responsabilidad le llevará a un intento de sofisticación y refinamiento de la cocina florentina, con unos sugestivos y refinados platos, como el tallado de polenta y zanahorias donde un pájaro finamente cocinado integra una bucólica escena. Pero son platos que pasarán por risibles, minúsculos y desapercibidos para los ciudadanos de Florencia.


Desencantado con la experiencia volverá al taller de Verrocchio pero su orgullo y la necesidad le harán embarcarse tras muchas vicisitudes (con un incendio provocado de por medio) en otro proyecto gastronómico, esta vez con Sandro Botticelli como socio. Inaugurarán “All´insegna delle Tre Ranocchie”, la enseña de las Tres Ranas, pero la mala suerte (o su defensa a ultranza de una cocina diferente y adelantada a su tiempo) persigue a Leonardo y tampoco funciona. Desencantados clientes acostumbrados a grandes y baratas viandas abandonan el local ante unos incomprendidos platos como anchoas saladas sobre sendas rodajas de zanahoria. Incluso Botticelli pensó en dibujar los diversos platos ofrecidos como el chivo hervido, los riñoncitos de cordero o la especialidad de la casa, las ranas fritas. Pero ni el arte les salvó.


Abandonando de nuevo momentáneamente el camino de los fogones, el cocinero Leonardo se centra en la Ingeniería, inventando artilugios útiles para reducir el esfuerzo humano, creando máquinas de tracción animal y construyendo maquetas de artefactos bélicos. Una anécdota cuenta que aprovechando un momento de tensión entre el Papado y Lorenzo de’ Medici, Leonardo ofrece a este último sus monstruosas creaciones bélicas para ganar una posible guerra y envía al Magnifico una maqueta de una máquina de asalto hecha con pasta de mazapán. Lorenzo no la comprende (parece ser que la incomprensión de su arte será la cruz del genio) y se la ofrece de comer a sus invitados. Leonardo indignado decide abandonar Florencia, no sin antes ser compensado por el Medici con una carta de recomendación para Ludovico Sforza, Il Moro, Granduca de Milán. Leonardo se presentará como un artista sin par “en la fabricación de puentes, fortificaciones, catapultas y otros muchos dispositivos secretos que no me atrevo a confiar en este papel. Mis pinturas y esculturas pueden compararse ventajosamente a las de cualquier artista. Soy maestro en contar acertijos y atar nudos. Y hago pasteles que no tienen igual”.


Esta osadía le saldrá bien y Ludovico lo nombra Consejero de Fortificaciones y Gran Maestro di Feste e Banchetti. Una vez en sus manos este importante título decide lucirse y para un banquete organizado por Ludovico propone un sofisticado menú propio de la nueva cocina actual con platos como una anchoa enrollada descansando sobre una rebanada de nabo tallada a semejanza de una rana, dos mitades de pepinillo sobre una hoja de lechuga, el anca de una rana sobre una hoja de diente de león o testículos de cordero con crema fría. Pero como el hombre es el único animal que tropieza dos y tres veces con la misma piedra, la proposición de Leonardo será automáticamente rechazada y será el propio Ludovico Sforza el que imponga un menú más sustancioso y lleno de productos tradicionales, compuesto por seiscientas salchichas de sesos de cerdo de Bolonia, trescientos zamponi (jamones de cerdo rellenos) de Módena, mil doscientos pasteles redondos de Ferrara, doscientas terneras, capones y gansos, sesenta pavos reales, cisnes y garzas reales, mazapán de Siena y queso Gorgonzola que llevara el sello de la Cofradía de Maestros Queseros, carne picada de Monza, dos mil ostras de Venecia, maccheroni de Génova, puré de nabos, gran cantidad de esturión y trufas.


Dejando de nuevo de lado los platos innovadores, Leonardo se centrará en la creación de artefactos y utensilios que facilitaran el trabajo en las cocinas del Castello Sforzesco, dando lugar , salvando las distancias, a los primeros “robots de cocina”. Para un óptimo aprovechamiento de las cocinas Leonardo sistematiza una serie de ideas como la necesidad de una fuente de fuego constante así como de una continua provisión de agua hirviendo, la ineludible higiene del suelo de la cocina, la presencia de aparatos para limpiar, moler, rebanar, pelar y cortar, un ingenio para apartar los malos olores de la cocina y ennoblecerla así con un ambiente dulce y fragante. Crea instrumentos “per spennare le papere” (despluma-ocas), “passare gli ortaggi” (tritura-verduras) o “tritare il maiale” (tritura-cerdo). Crea complicadas maquinarias como el gigantesco tritamanzo (tritura-bueyes) movido por caballos, el schiaccianoci (cascanueces) mecánico, el “girarrosto” (asador) automático accionado por el aire caliente del horno, el “affettapane a vento” (rebanador de pan a viento) o “l´argano per tendere gli spaghetti”, cabestrante para estirar los espaguetis. También era imprescindible para Leonardo en una cocina la presencia de la música, porque según él los hombres trabajan mejor y más alegremente allí donde hay música. Junto a estas ideas, cómica parece la propuesta de Leonardo de tener en la cocina un ingenio para eliminar las ranas de los barriles de agua de beber.


El genio llevará a la práctica estas ideas de cocina funcional. Para tener limpio el suelo de la cocina usa dos bueyes que arrastran un gran cepillo con un chorro de agua, para evitar los incendios, comunes en ese tipo de cocina, hace instalar una toma de agua y construye el primer espeto (spiedo) automático. Desencantado testimonio de estos artilugios lo dará Sabba da Castiglione, embajador de Florencia en Milán, que hará de espía sobre las actividades de Leonardo en la corte milanesa:


"La cucina di Mastro Leonardo è una bolgia... ora al posto dei venti cuochi un tempo impegnati ai fornelli ci sono più di duecento persone che gironzolano, e nessuno di quelli che ho visto cucina, si occupano tutti di queste grandi macchine che affollano mura e pavimenti..."


( “La cocina del maestro Leonardo es un gallinero…ahora en lugar de veinte cocineros ocupados en los hornillos hay más de doscientas personas que van de acá para allá, y ninguno de los que he visto están en la cocina, se ocupan todos de estas grandes máquinas que llenan muros y suelos…”)


Pero la inauguración de la nueva cocina será un desastre, los grandes artefactos asustan a los presentes y los bueyes ensucian más de lo que limpian. Ante tal hecatombe, Ludovico invita a Leonardo a retirarse al convento milanés de Santa Maria delle Grazie, pero incluso allí puso en práctica sus creaciones alimentarias que, por supuesto, no gustaron a los glotones frailes.

Como ejemplo de algunas denostadas y sofisticadas recetas atribuidas a Leonardo nos encontramos con:


Sopa de almendras

Habéis de hervir algunos nabos tiernos en una marmita en la que habréis puesto la cabeza cocida de una oveja; a continuación, aplastadlos con sal, pimienta y semillas de cominos; mezclad con ellos un huevo para ligar esta mezcla y con ella formad bolas y otras formas que cubriréis con migas de pan; en el centro de cada una de estas bolas y formas colocaréis un testículo tierno de cordero cocido. Pondréis todo ellos en una marmita con aceite hasta que observéis que se torna duro y de color marrón, y entonces lo serviréis. No conozco la razón por la que este renombrado plato de Milán es conocido como sopa de almendras.



Pudín blanco

No es éste un plato para aquellos que tienen la peste, ni tampoco para aquellos que sufren del corazón. Es en verdad, un plato muy pesado, que perjudica asimismo a aquellos con molestias en el hígado y con piedras en la bilis, y es dañoso para la vista y los nervios de todos.

Pelaréis las pieles de las almendras y las pasaréis por la mano del mortero. Entonces, machacaréis las pechugas de media docena de capones, las mezclaréis con un poco de leche de cabra y aplastaréis todo en un cedazo. Lo agitaréis junto con la pasta de almendras, añadiréis cerca de veinte albúminas de huevo y algunas migas de pan blanco con un caldo algo graso, lo pasaréis todo por el cedazo mientras lo vertéis en la sartén. Después de algún tiempo, rociadlo con agua de rosas y pepitas de granada y servidlo.



Orejas de cerdo horadadas

Habréis de quitar las dos orejas del cerdo, chamuscaréis los pelos, las frotaréis y las fregaréis (especialmente en su interior) con gran cuidado antes de ponerlas en agua hirviente a la que habréis añadido una zanahoria (algunos prefieren añadir una zanahoria por cada oreja). Entonces, las dispondréis sobre espetones, y entre ellos hojas de laurel y ciruelas pasas, y lo mantendréis sobre el fuego durante dos minutos antes de servirlas con un plato de polenta.



Pavo real asado

El arte de cocinar estas aves precisa mucho tiempo y presenta muchos inconvenientes. Para matar al pavo real seguiréis el mismo procedimiento que se utiliza con las cabras: cortaréis su garganta y después con una aguja horadaréis su cerebro para dejar manar la sangre. A continuación, lo colgaréis de una higuera durante la noche para que se torne tierno, y antes habréis rellenado su cuerpo vaciado con ortigas y atado pesos a las dos patas. Ahora cortaréis e pellejo en su superficie desde la garganta hasta la cola y pelaréis junto con las plumas las patas todavía unidas a la piel. Esto lo pondréis aparte con cuidado. Colocad después la carcasa del ave en el horno, rellenada con semillas de clavel, y rociadla con hierbas perfumadas; y, lo más importante de todo, envolved su cuello y su cabeza con un pañuelo blanco que habrá de mantenerse húmedo todo e tiempo que esté cociendo, de manera que no los deforme el calor.

Cuando el ave esté asada- y en ello tardaréis dos o tres veces el tiempo necesario para un capón, pues su carne es otras tantas veces más dura-, la sacaréis del espetón y la cubriréis con su propio pellejo que antes habíais dejado aparte: y para fingir que e ave se sostiene de pie, aseguraréis unas patas de hierro sobre la mesa y dispondréis el ave encima de ellas; este hierro debe atravesar el pájaro desde la cabeza hasta la cola, pero no ha de verse. Y, entonces podréis introducir lana y alcanfor dentro de su pico y prenderlo (Galio no hace esto porque teme mucho al fuego).

De este modo podréis fingir que trinchabais el pavo para los invitados, pero en realidad lo que les serviréis será la carne de las hembras de estas aves que habréis asado al mismo tiempo que al macho, pero que es más tierna y será por ello más grata a vuestros invitados. No es aconsejable que aquellos que sufren del hígado y de la bilis coman estas aves. Su carne es pesada y no muy nutritiva.



Crestas de gallo con migas

Aseguraos de elegir un gallo grande, mayor de doce años de edad, y de que su cabeza levante al menos 60 centímetros del suelo, antes de quitarle la cresta. Debéis recordar siempre que hay que arrancar la piel exterior y después apretarla repetidas veces para escurrir toda la sangre antes de que lo pongáis en el agua hirviente junto a doce semillas de culantro y el zumo de medio limón.

Se debe colocar en una bandeja adornada con alguna verdura que luzca algún color, así zanahorias crudas talladas con la forma de crestas de gallo o remolacha; y esto antes de arrojar las migas por encima de ella.



En lo relativo a platos que hoy pasarían por creaciones de nueva cocina, encontramos un plato compuesto por seis brotes de col hervidos y, en medio de ellos, un montón de huevas de esturión con nata, otro formado por una cebolla hervida de tamaño mediano sobre una rodaja de buen queso de búfala y coronada por una aceituna negra dividida en cuartos. Leonardo presenta un huevo de gallina, cocido, despojado de su cáscara y con la yema sacada con una cuchara y mezclada con piñones sazonados con pimienta antes de tornar a ponerla en su lugar y también una ciruela, machacada y dividida en cuartos, y dispuesta sobre una fina loncha de carne de vaca cruda y secada al sol durante tres meses, acompañada por una ramita de manzano en flor. Otro plato se compondría del hígado de una ternera, finamente machado y con una ligera sazón de salvia y mostaza que debe acompañarse con pan o polenta de corteza crujiente. Sofisticado parece el plato de pequeños camarones y caballitos de mar ligeramente hervidos y luego pelados y servidos cubiertos de nata.


También nos muestra Leonardo un plato de espinacas sólo hervidas y troceadas sobre las que coloca un huevo ligeramente escalfado fuera de su cáscara, y alrededor de todo ello más huevos rotos con queso de búfala. Casi de cocina japonesa sería su plato de tres rodajas de zanahoria cruda talladas en forma de caballitos de mar y una pizca de salsa de anchoas junto a ellas. Más innovación encontramos en un plato de huesos de la costilla de cordero, cada uno con un poco de carne en el extremo, ligeramente asados y con una caperuza de papel puesta en el otro extremo y sobre ellos, una vez enfriados, unas cuantas hojas de menta o en el plato de gallina hervida rellena de uvas, con zanahorias, y una cebolla hirviendo junto a ella, sirviéndose sólo la pechuga acompañada de trozos de nabo fritos y guisantes.


Ya en 1513 Leonardo será requerido por el rey y gran gastrónomo Francisco I de Francia para ocuparse de todos los proyectos de festejos y de las obras hidráulicas de algunos ríos. El genio renacentista pasará junto al rey los últimos años de su vida. En 1519 Leonardo muere en el castillo de Cloux (momento inmortalizado por Ingres en una escena llena de patetismo romanticista) y será sepultado en la iglesia de Saint Florentin en Amboise. Sus restos desaparecieron durante las continuas profanaciones de tumbas durante las guerras de religión en la Francia del Sg. XVI. Antes de fallecer nombró como ejecutor de su testamento al joven pintor Francesco Melzi. La herencia del genio fue repartida entre el propio Melzi, al que legó sus libros, dibujos y parte de su patrimonio, y su fiel cocinera, a la que dejó el “registro de invención” de una larga serie de artefactos como la cortadora de fiambres, el sacacorchos o el tritura ajos (aparato a partir de entonces llamado “leonardo” por los cocineros).


Leonardo, maestro reconocido en muchas artes, fue mal entendido en el desarrollo de su particular visión de la gastronomía, de su videncia de nuevas ideas y su pasión por los aromas y las especias, por las formas delicadas y equilibradas en el paladar.


Juan Sanguino Collado


Apuntes y Dibujos de Cocina de Leonardo da Vinci












sábado, 21 de febrero de 2009

Bartolomeo Scappi y su "Opera dell´arte del cucinare"


En 1570 aparecerá el texto que volverá inmortal a Bartolomeo Scappi, demostrando ser el tratado más maduro sobre las experiencias culinarias de la civilización renacentista italiana, cuyo título rezaba “Opera di Bartolomeo Scappi, mastro dell'arte del cucinare, divisa in sei libri”.
Este monumental tratado teórico-práctico contiene las normas de servicio y presentación de las mesas palaciegas y cónclaves cardenalicios, los principios generales del arte culinario y una completa colección de no menos de 800 recetas distribuidas en seis libros.

En el primer libro, introducido por una conversación ficticia entre el maestro y uno de sus aprendices, se habla del cocinero, de la manera de construir ambientes ideales para el uso óptimo de la cocina y del método de conocer y conservar las buenas viandas. En el segundo, se presenta una exhaustiva relación de los tipos de carnes de animales de cuatro patas y aves, animales domesticados y salvajes, y del modo de confeccionar salsas y sabores ideales. En el tercero se habla de los peces, de los huevos y de las sopas y en el cuarto se hace ya una reflexión sobre la cocina de temporada y se presenta una serie de alimentos distribuidos según las distintas estaciones. Por último, en el quinto se habla de cómo hacer pasticci (especie de totum revolutum similar a la lasaña), crostate (tortas de pasta quebrada cubiertas de mermelada o fruta), tartas y dulces varios y en el sexto, para acabar con consejos médicos, se hace una disertación sobre los manjares más idóneos para enfermos y convalecientes.

Con su obra, Scappi se revela como un auténtico reformador. No se limita a los simples estofados o cocidos, sino que aplica técnicas más refinadas como los escabeches y adobos, crea tartas saladas con alcachofas, guisantes u otras verduras, rellena los dulces con ricotta (requesón) o queso tierno. Muchos de sus platos eran alla lombarda, alla toscana o alla bolognese y no desdeñaba en absoluto las cocinas foráneas, como en el ejemplo de su “cuscus alla moresca”. Bartolomeo abrió los ojos a la gastronomía italiana del Rinascimento con lo atrevido de sus platos y sus impensables (al menos hasta ese momento) combinaciones alimentarias, como las tortas de hojaldre (sfogliate) rellenas de salchichas, el uso de los moluscos o los entremeses maridados con los dulces.

Bartolomeo Scappi fue un cocinero de intensa actividad creativa pero sobre todo fue un vidente gastronómico que adelantó vías de desarrollo para nuevas técnicas culinarias. Resulta curioso como algunos detalles de su vida están envueltos en un halo de misterio y lo poco que se conoce de él se ha entresacado de su tratado, uno de los volúmenes más completos de gastronomía del sg.XVI. En lo concerniente a su nacimiento no se conoce una fecha exacta (quizás entre 1510 y 1515), sólo se conoce la fecha de su muerte, en torno a 1570. Tampoco sus orígenes geográficos quedan claros pues diversas ciudades pugnan por ser auténtica cuna del cocinero como Bolonia, Venecia o Varese. Scappi prestó servicio como cocinero para personajes importantes de la época como el cardenal Lorenzo Campeggi (quien en 1536 le confió la organización y confección de un banquete con 780 platos para recibir al Emperador Carlos V) o los Papas Paulo III (Papa del buon bere) y Pío V sobre cuyo banquete de entronización hará una relación, afirmando haber sido para él “cuoco segreto” (cocinero privado).



Su Opera, ilustrada con numerosos y bellísimos grabados y conocida como la “Biblia de la cocina renacentista”, es un trabajo literario notable por la variedad de temas y argumentos de diversa índole que presenta. Encontramos en su texto infinidad de soluciones técnicas para la restauración y lecciones de cocina, listas de platos, técnicas exclusivas relativas a la conservación de los alimentos, apuntes para organizar banquetes y consejos para personas enfermas, nociones básicas de cocina dietética y de óptima higiene. Scappi proporciona una serie de pautas para el bienestar y una mejor calidad de vida. Deja claro que el ambiente donde es manipulado y cocinado el alimento debe estar, en la medida de lo posible, limpio y ordenado. Desde el punto de vista puramente técnico está claro que era un auténtico profesional de la Gastronomía, ya sea porque hizo uso de los primeros productos que llegaron de América o porque dio luz a soluciones técnico-prácticas que están hoy en día en auge entre los más modernos restauradores como el enharinado o el empanado pero sobre todo por el hecho de sellar las carnes antes de su elaboración.

He aquí una receta del mastro Scappi:

[…]Farina, burro, acqua, alici, formaggio grattugiato, uova, sale, pepe

Pulite delle alici, lavatele bene ed asciugatele. Disponete della farina a fontana, mettendovi al centro del burro ammorbidito tagliato a pezzettini, una presa di sale e un po’ d’acqua tiepida. Impastate e senza lavorare troppo fate una palla che avvolgerete in un tovagliolo lasciandola riposare un paio d’ore. Preparate un composto con del formaggio grattugiato, delle uova, una presa di pepe, amalgamando bene il tutto.

Con l’impasto fate una sfoglia non troppo sottile e foderateci una tortiera, dove verserete all’interno il ripieno decorando con i filetti di acciughe. Infornate la torta e servitela tiepida o anche fredda.[…]


“Harina, mantequilla, agua, anchoas, queso rallado, huevos, sal, pimienta


Limpiad las anchoas, lavadlas bien y secadlas. Disponed la harina poniendo en el centro la mantequilla reblandecida y en trozos, una pizca de sal y un poco de agua templada. Amasad y sin trabajar la masa demasiado haced una pelota que envolveréis en un trapo dejándola reposar un par de horas. Preparad una pasta con el queso rallado, los huevos, una pizca de pimienta, mezclándolo todo bien.

Con la masa reposada haced una lámina no demasiado delgada y forrad una tartera, donde verteréis el relleno decorándolo con los filetes de anchoa. Meted la tarta al horno y servidla templada o también fría.”


En lo relativo a las recetas contenidas en el volumen queda patente una sustancial innovación respecto a la cocina medieval. Si en algunos aspectos, en época medieval había una tendencia preferente hacia la caza de pluma, Scappi sugiere en su manual el uso también de carnes de animales domesticados como el pollo, el buey o el cerdo. Queda claro que Scappi fue un gran innovador de la Gastronomía de la época y que su gran obra literaria fue tenida presente durante bastante tiempo, al menos hasta mediados del Sg. XVII, época en que comienza a desarrollarse un desafortunado proceso de involución de la cocina italiana subyugada por su vecina, la cocina francesa.

Juan Sanguino Collado

Grabados de la "Opera di Bartolomeo Scappi, mastro dell´arte del cucinare, divisa in sei libri"


















lunes, 16 de febrero de 2009

"El Satyricón" de Fellini y el Parador de Mérida protagonistas de la primera entrega del ciclo "Cenas de Cine"





Otro interesante proyecto en el que nos vimos inmersos fue la recreación culinaria del banquete de Trimalción, episodio perteneciente al extraordinario Satiricón de Petronio, pero esta vez en vez de basarnos en la literatura empezamos a crear sobre el discurso artístico-gastronómico versionado por el siempre polémico y genial Federico Fellini en su película Satyricon (1969) donde los protagonistas cobran vida y el ambiente decadente y sensual de una cultura que se desmorona en su propia vacuidad inunda los ojos del espectador. Este proyecto formó parte del exitoso ciclo "Cenas de Cine", organizado por la Fundación de Estudios Romanos y la Asociación de Amigos del Museo Nacional de Arte Romano. He aquí la interesantísima noticia publicada en Extremadura al Día:



"El Satyricón" de Fellini y el Parador de Mérida protagonistas de la primera entrega del ciclo "Cenas de Cine"


Por:Pilar Fernández 27 feb 2005



El pasado jueves, 24 de febrero, comenzó en el Centro Cultural Alcazaba un interesante y novedoso ciclo titulado "Cenas de Cine", organizado por la Fundación de Estudios Romanos y la Asociación de Amigos del MNAR, con la colaboración de cinco prestigiosos restaurantes de la ciudad. Se trata de la proyección de cinco películas de calidad en las que la comida, o la ausencia de ella, son protagonistas, y la degustación de un menú elaborado en función del film, un auténtico reto para la imaginación y el saber hacer de los más avispados cocineros.

Las sesiones se iniciaban el jueves a las siete de la tarde con la película del director italiano Federico Fellini "El Satyricón", versión libre de la obra del autor latino Petronio. Unas 200 personas asistieron a la proyección del film que fue seguida de un coloquio posterior en el que participaron el periodista Ramiro Cristóbal, el crítico de cine Fernando Sarriá, el jefe de cocina del Parador, Juan Sanguino y el director del ciclo Luis Argüello.

El virtuoso y siempre accesible, además de gran cocinero, Juan Sanguino, que esa noche se estrenaba con una carta inspirada en el episodio de la película que lleva por Título "El Banquete de Trimalción", nos confesó que se lo había tomado muy en serio: ha leído dos veces el libro y ha visionado en numerosas ocasiones la obra de Fellini, todo ello para descubrir con mayor exactitud lo que se comía en la Roma de la época de Nerón en un banquete ofrecido por un patricio romano. Lo más llamativo, gastronómicamente hablando, de esta cinta, es un gran cochinillo relleno de morcillas, de gallinas pintadas y otras exquisiteces. Sanguino nos adelantó que él había utilizado los mismos ingredientes en su menú, pero adaptándolos al paladar contemporáneo.

Por su parte, el periodista Ramiro Cristóbal, comenzó afirmando que "El Satyricón" es una visión muy personal del director sobre la novela de Petronio, que le sirve de pretexto para hacer lo que calificó de "ciencia ficción del pasado", al contrario de lo habitual en el séptimo arte, que es la ciencia ficción sobre el futuro. Este film es parte de una trilogía felliniana que comienza con "La Dolce Vita", para seguir con "El Satyricón" y concluir con "El Casanova", en la que, según Cristóbal, el cineasta utiliza la historia para hablar, en realidad, de la Roma que le tocó vivir en clave de metáfora, de la Italia de los años 50.

Esta es una de las películas menos paradigmáticas de su realizador y muestra bastantes semejanzas con el cine de otro gran director italiano: Pier Paolo Passolini. El conocido periodista se refirió a que, al igual que en Passolini, los protagonistas son jóvenes que tratan de prolongar su adolescencia y que no quieren alcanzar la edad adulta porque eso implicaría dejar de tomar la vida como un juego, como una aventura continua y empezar a asumir responsabilidades.

Ramiro Cristóbal dijo que "El Satyricón" está rodada como si de una fantasía onírica se tratase: que, a veces, es un sueño erótico y alegre y. Otras, es una pesadilla. Casi podríamos afirmar que el film es una ilustración del psicoanálisis de Freud. El personaje principal, Encolpio, es un joven patricio enamorado del efebo Giton, quién, en su búsqueda continua de un amante que se muestra esquivo, nos va desgranando todos los ambientes de la Roma de la época del emperador Nerón. Como la obra de Petronio nos ha llegado fragmentada, la película también es fragmentaria y carece de principio, nudo y desenlace. El final es el comienzo de un nuevo episodio que queda sin desarrollar: "Y un joven griego vino y contó..."
. Una obra inacabada que deberá completar la imaginación del espectador.

A su vez, Fernando Sarriá, Critico de cine, nos explicó en el coloquio su visión de esta cinta. En primer lugar, quiso llamar la atención acerca de que la obra cinematográfica no se rodó, salvo algunas escenas, en escenarios naturales, sino en los estudios de Cinecittá, en Roma. Hasta entonces se habían hecho cine de romanos, un género conocido como Peplum, idealizando la vida de nuestros antepasados, en el más puro estilo de Hollywood. "El Satyricón" tiene el mérito, en palabras de Fernando Sarriá, de ser la primera vez que un film nos ofrece la otra cara de la Roma Clásica: los barrios bajos, las ínsulas, o bloques de pisos donde vivía la mayoría de la gente, incluso una delirante visión del barrio de las prostitutas.

Las paredes desconchadas, decoradas con graffitis, son una nota de originalidad en la película. Ni siquiera las supuestas termas romanas son tales, ya que esas escenas se rodaron en los bajos del Coliseo, en una zona completamente en ruinas. En los peplum sólo aparecen las grandes y suntuosas villas romanas donde viven los patricios, pero aquí vemos las ínsulas proletarias, incluso, una de ellas se derrumba a nuestros ojos, y muchas personas mueren aplastadas. Se trata de ese pueblo de Roma que sufre, niños, ancianas, caballos desbocados que se sueltan de las bridas. Sarriá llamó la atención acerca de otros dos personajes: el pirata Licas y el poeta Eumolpo.

El primero es un pirata de los mares, proxeneta del emperador, que surca el océano con su gran barca para buscar nuevos efebos, muchachos y doncellas que satisfagan las ansias de novedad de su señor y también las suyas propias; el otro es el poeta, que aparece al principio de la película en la más absoluta indigencia, adulando a Trimalción para poder disfrutar de su banquete, pero que luego, hacia el final, reaparece rico y corrupto, para morir poco después, dejando un curioso testamento: todo el que quiera heredar su oro debe comerse un pedazo de su carne muerta. Gran Metáfora: los herederos devoran al artista muerto a cambio de dinero. Recordemos que a este personaje se lo encuentra el protagonista en una pinacoteca, donde, rodeado de obras maestras, hace un discurso sobre el mercantilismo en el arte.

Por último, habló el director del ciclo, Luis Argüello, se fijó en que el personaje del patricio que aparece junto con su esposa, una jovencísima Lucía Bosé, que acaba suicidándose por honor, se podría identificar con Petronio, que murió de la misa manera: cortándose las venas de las muñecas. Esta imagen de Petronio como "Pater Familias", despidiéndose de sus hijos antes de morir, no se corresponde, según Argüello, con el Petronio autor latino, que llevaba una vida disipada, durmiendo por el día y dedicándose a "sus negocios" por las noches.

Más bien Fellini lo que trata con este noble personaje es de contraponerlo al resto de los que aparecen en la película. Un romano honesto y su modélica familia frente a un montón de crápulas, oportunistas y sinvergüenzas: la Roma más decadente y más podrida. De todos modos, decía el director del ciclo, Fellini no se define, no nos da una lección moral, se limita a pasar la vista como un entomólogo por las diversas especies que allí se dan cita. Respecto a la gran galería de enanos, tullidos y personajes deformes que aparecen en escena, nos contó como anécdota que el director italiano ponía anuncios por toda Roma diciendo que iba a rodar una nueva película y así iba reclutando a tan extraños ejemplares humanos. En cuanto a los jóvenes protagonistas, escogió actores ingleses y no italianos porque le pereció que daban mejor el tipo de los personajes de Petronio.

La cena en el Parador
Finalizado el coloquio, los participantes se desplazaron hasta el parador de Mérida, allí, en el salón Trajano, decorado al gusto de la época, degustaron el magnífico menú romano, inspirado en el banquete de Trimalción, que había confeccionado el jefe de cocina, Juan Sanguino. La opulenta comida la ofrece Trimalción, un liberto recientemente enriquecido, para sus invitados, entre ellos el poeta pobre Eumolpo y el protagonista Encolpio.

Se trata del típico ejemplo de "convivium" romano, un banquete organizado por este nuevo rico, un anfitrión que no repara en gastos, haciendo ostentación de riqueza tanto en la decoración de su casa como en la elaboración de numerosos platos parra un abundante número de invitados. La cena se sucede durante horas y horas, acompañada de representaciones teatrales, bailes y conversaciones en torno al "Carpe Diem" o la fugacidad del momento.

Los comensales pudieron disfrutar de un magnífico menú que les ofrecía, al precio de 30 euros, unas exquisitas "Gvstatios" o entrantes: salazones de baelo al aceite de la Bética, pulpo de Éfeso a la pimienta, codornices asadas con pétalos de rosa y Pan Cibarius del horno de Salvio. Como "Prima mensa", o menú propiamente dicho: Pátina de espárragos de la Lusitania en salsa de setas del César (este plato hay que decir que estuvo especialmente delicioso), Cochinillo al gusto de Trimalción con morcilla asada sobre ciruelas de Damasco y Pintada rellena de hígado de pato, éstos don últimos platos son un homenaje, condensado y al gusto de la cocina de hoy, a ese cochinillo relleno de todo tipo de viandas que figura en la obra literaria y que también aparece en la película. Para finalizar con los postres o "Secvnda Mensa": Dulce de passum con manzanas de las Hespérides y pasas de Corinto y peras rellenas de mazapán en mulsum.

Todo ello regado con agua de Alange y vinos romanos: Conditum y Mulsum. Para finalizar y hacer una buena digestión, los participantes en el banquete tomaron una tisana de hierbas mágicas de la Sybila: mezcla de azahar, hierba Luisa, cola de caballo, semillas de hinojo y Melisa. Como ven, toda una lección de sabiduría gastronómica romana y un deleite para los sentidos.


domingo, 15 de febrero de 2009

Llerena, Monumento Gastronómico

En Junio de 2008 tuvimos la suerte de participar aportando nuestro personal granito de arena en el ambicioso y luminoso proyecto "Llerena, monumento gastronómico", organizado por la Concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Llerena y patrocinado por el Patronato de Turismo de la Diputación de Badajoz. La capital de la Campiña Sur fue el escenario idóneo para recuperar los sabores olvidados, los sabores escondidos en lo más profundo de nuestro atavismo gastronómico. Fue un proyecto de recuperación de los fogones apagados hace siglos. Se nos encomendó la tarea arqueológico-gastronómica de desenterrar platos históricos que, de una manera u otra , se fueron diluyendo a lo largo de los siglos.

Ese rescate del gusto fue cronológicamente sistematizado y maridado con la propia historia de la bellísima Llerena, apostando por una clasificación basada en resplandores culturales. Así nos centramos en la cocina medieval y en su coetánea cocina mudéjar, en la cocina conventual y en la cocina basada en la caza, arraigada desde el principio de los tiempos en la idea de nutrirnos de lo que Mater Natura tan generosamente nos ha ofrecido.


COCINA MEDIEVAL


La cocina medieval se desarrolló en un lapso de tiempo de casi diez siglos, del VI al XV, y ha pasado a la historia como ejemplo de cocina poco refinada, ya sea por el abuso de las especias para cubrir el olor y el sabor de los alimentos alterados o por la idea de que el hombre del Medioevo comía exclusivamente carnes asadas en grandes llamas, probablemente demasiado crudas o demasiado quemadas, pero no es así. Muchos de los cambios y costumbres acaecidas durante este período pusieron lo que son hoy en día los fundamentos de las cocinas regionales. Esta cocina era una búsqueda constante de sabores, colores y combinaciones, todo con el fin de lograr el máximo placer posible. La cocina medieval era un arte que necesitaba de mucha dedicación y de mucha inventiva. Era la búsqueda de sabores insólitos como, la delicadeza de la leche de almendras o del agua de rosas, la fuerza del agridulce o el encanto exótico de nuevas especias. El gusto de la época privilegiaba la superposición de los sabores, como es el caso del poliédrico agridulce, y el amplio uso del azúcar y de las especias difundido por la cultura árabe. Dentro de la cocina medieval resaltamos las siguientes recetas:



FILETONES GRAN MAESTRE



Ingredientes:


1 Kg de filetes de buey, 100 gr de mantequilla, 2 cebollas medianas, sal y pimienta.
Para la marinada: y vaso de vino blanco, 3 cucharadas de aceite, 1/2 de vinagre, una zanahoria y una cebolla cortadas en rodajas. Unos trocitos de tronco de apio, 6 colas de perejil, 6 granos de pimienta, 2 dientes de ajo, 1 brizna de tomillo, 1 hoja de laurel, 2 clavos de especias, ralladura de nuez moscada.


Elaboración:


Se atan los filetes con hilo de bridar (o de algodón) y se ponen a macerar en un recipiente de barro durante 4 horas, en una preparación con todos los géneros incluidos en la marinada. Durante la maceración se le debe dar la vuelta varias veces para que se impregnen los aromáticos. Se retira luego, se escurre y se seca con un lienzo.

En una cazuela se pone la mantequilla; cuando esté bien caliente se le añade la carne y se dora bien por los dos lados. Se salpimenta de nuevo y se continúa la cocción en el horno por 20 minutos. Se retira luego la carne y se conserva caliente cerca de la lumbre. Se vierte la marinada en un cazo puesto al fuego y se reduce a la mitad, se pasa todo por el chino y se cortan las dos cebollas en juliana gruesa sofriéndolas en la grasa en que se ha cocido la carne, se añade ahora el líquido de la reducción y se calientan bien ambas cosas. Se quita luego el hilo de sujeción del filete del filete y se divide luego en cuatro partes iguales, que se colocan en la fuente de servicio y se riegan con la salsa.



SOPAS EN NATAS


Ingredientes:


12 rebanadas de pan, 275 grs de azúcar, 1 l. de nata líquida, 1 yema de huevo, 1/2 l. de leche y 25 grs de mantequilla.


Elaboración:


En un molde rectangular previamente untado de mantequilla y 25 gramos de azúcar grano, se llena el fondo de rebanadas de pan tostado y sobre este se añade un batido de nata, yema, el azúcar restante y la leche.

Cocer en el horno a Baño María a una temperatura de 160º C, hasta cuajar. Se nota que esta cocido cuando presionando con la yema de los dedos notamos que esta consistente. Dejar enfriar bien y desmoldar sobre una fuente.

Se pueden servir acompañadas de unas natillas elaboradas con miel. También se pueden elaborar con bizcocho en sustitución del pan.



GINESTADA


Ingredientes:


60 grs de harina de arroz, 1 l. de leche de almendras, 150 grs. de azúcar, 25 grs. de pasas de Corinto rehidratadas, 10 hebras de azafrán, 4 clavos, 25 grs. de piñones, 1/2 rama de canela y canela en polvo al gusto.


Elaboración:


Se diluye la harina de arroz y el azúcar en la leche de almendras y se pone a hervir sin dejar de remover con una espátula de madera, se añade una muñequilla (saquito de gasa, parecido al usado en las infusiones) con los clavos y el palito de canela en rama, dejándolos cocer lentamente al fuego, agregando después las pasas rehidratadas.

Aparte, se maja el azafrán en un mortero y se diluye con unas gotas de agua incorporando el majado al preparado anterior y retirando la muñequilla. Pasado unos diez minutos se aparta del fuego, se vierte en distintas cazuelas y se reparten por encima los piñones y un poco de canela en polvo.



COCINA MUDÉJAR


La cocina mudéjar, la cocina practicada por los hispano-musulmanes que vivían en territorio de reyes cristianos, surgió hacia el siglo XII resultado de la mezcolanza de la herencia culinaria árabe, judía y cristiana que se desarrolló en la Península Ibérica. A estos musulmanes se les permitió seguir practicando su religión, utilizar su lengua y mantener sus costumbres, entre ellas la gastronómica. A la clásica trilogía cristiana de trigo, carne y vino, los mudéjares añadieron nuevos hábitos alimenticios en los que las verduras no fueron sólo la base, dino el elemento imprescindible, bien a solas, bien acompañando las carnes, las sopas o el pescado, con una enorme cantidad de variantes en sus recetas. Fueron los mudéjares quienes introdujeron en la cocina tradicional el uso de productos como los frutos secos, las especias o la carne de cordero. La cocina mudéjar es, en definitiva, el germen de la auténtica cocina de fusión. Del vastísimo recetario mudéjar tuvimos a bien recuperar algunas de las recetas más representativas:




ATÚN EN NOGADA


Ingredientes:


800 grs de lomo de atún limpio, 100 grs. de nueces peladas, 1 dl. de caldo de pescado, 5 grs. de pimienta blanca, 100 grs. de cebolla, 5 grs. de ajonjolí molido, 5 hebras de azafrán, 5 grs. de comino molido, 1 dl. de aceite de oliva, sal y perejil.


Elaboración:


Poner a macerar los lomos con sal y pimienta durante una hora. Cortar la cebolla en juliana.

En una cazuela al fuego con aceite añadir la cebolla para freírla y una vez frita poner los lomos dándoles la vuelta. Hacer un majado de nueces y perejil, desleír con el caldo y añadir al pescado. Tapar la cazuela y dejar que de un hervor para, por ultimo, añadir azafrán, comino, ajonjolí y sal.

Hay que procurar que el atún no se pase de cocción ya que resultaría muy seco.




PICHONES CON ACEITUNAS


Ingredientes:


4 pichones, 200 grs. de aceitunas deshuesadas, 100 grs. de cebolla, 6 dientes de ajo, 30 grs. de jengibre, 1 rama de cilantro, 1 dl. de aceite de oliva, 3 hebras de azafrán, pimienta, sal y perejil al gusto.


Elaboración:


Hervir las aceitunas dos veces cambiándoles el agua para después reservarlas. Salpimentar los pichones y rehogarlos en aceite de oliva, junto con la cebolla picada, el ajo y azafrán majado. Se cubre con agua y se pone a cocer moviendo de vez en cuando. A media cocción se le añade el jengibre, cilantro y perejil picados. Si lo vemos necesario, añadimos más agua. A la hora de servir se echan las aceitunas y el zumo de medio limón, se rectifica de sal y se hierve un minuto. Se sirven partidos por la mitad y se cubren de aceitunas y la propia salsa.




ALBÓNDIGAS FRITAS DE GALLINA


Ingredientes:


600 grs de carne de gallina picada, 50 grs de harina, 80 grs de pistachos pelados, 30 grs de almendras peladas, 4 huevos, 50 grs de cebolla picada fina, 1 dcl de aceite de oliva, 200 grs de cidra limpia y picada, sal, clavo molido, pimienta negra molida, cilantro picado y jengibre al gusto.


Elaboración:


Poner una sartén al fuego con aceite para freír la cebolla a fuego lento. Después añadir la cidra y sazonar con comino hasta que esté hecha. En un recipiente amasar la carne, con las especias, añadiendo los demás ingredientes y mezclar bien. Moldear una bolitas del tamaño de una nuez y freír en aceite bien caliente. Las albóndigas se sirven calientes acompañadas de la cidra frita.




COCINA CONVENTUAL

Símbolo gastronómico por excelencia es la batalla entre Don Carnal, la imagen de la gula y la lascivia, y Doña Cuaresma, la imagen de la austeridad y la abstinencia de cualquier placer. El Carnaval era la época de las carnestolendas, en la que los cristianos tomaban carne y tenían excesos alimenticios para prepararse para la Cuaresma, período de austeridad y recogimiento de religioso. La Cuaresma despertó el ingenio de los cocineros y las amas de casa para sustituir la carne por el pescado guisado de mil formas diferentes. Fue el Monasterio de Guadalupe la cuna de la mejor cocina conventual de España, en el siglo XIV. En el refectorio se leía la Biblia y después se comía. Los frailes congregados cambiaban opiniones sobre los nuevos platos, decían y proponían y se entusiasmaban con los increíbles descubrimientos. La calidad y riqueza de las despensas de los conventos fue proverbial y de ellas salieron un buen número de recetas, y puede decirse que buena parte de la gastronomía española nació precisamente en ellos. Algunas de las recetas traspasaron los muros conventuales y se extendieron por el país con nombres que en muchos casos aluden claramente a su origen, como los huevos de clausura o los suspiros de monja. El arte culinario conventual, irónicamente incitador de gulas, se muestra siempre seductor y celestial. Se le debe muchísimo a los monasterios no por el afán de glotones que tenían los monjes sino por su magnífico legado de aromas para el espíritu y sabores para el intelecto.



PINTADA EN GUISO DE LA RECADERA


Ingredientes:


800 grs de pintada, 100 grs. de cebolla, 6 dientes de ajo, 1 dl. de vino añejo, 200 grs. de castañas cocidas y peladas, 50 grs. de piñones, 3/4 l. de caldo de ave, 50 grs. de migas de pan, 1 dl. de aceite de oliva, azafrán, comino, laurel y sal al gusto.


Elaboración:


Después de limpiar y flambear las pintadas se trocean. En una cazuela se pone el aceite y se fríen para después reservarlas. En el mismo aceite se fríe las castañas, piñones, y las migas de pan y se reserva el conjunto una vez frito. Se fríen la cebolla muy picada y el laurel. Una vez todo rehogado se le añaden las pintadas, el vino y el caldo y se deja hervir .


Una vez que estén las pintadas casi cocidas se les añade el majado de ajo, castañas, piñones, pan y azafrán. Hasta que esté cocida por último se le añades el comino molido y la sal.




TOSTA DE PATATERA CON ALI OLI DE MIEL


Ingredientes:


250 grs. de patatera, 100 grs. de salsa mahonesa, 2 dientes de ajos y 50 grs. de miel de jara.


Elaboración:


Poner en las rebanadas de pan tostado la patatera sin piel. Mezclar los ajos y la miel con la salsa mahonesa. Pasar por la batidora, naparlas y gratinar.




BUÑUELOS DE ALCACHOFA:

Ingredientes:


12 alcachofas medianas, 150 grs. de harina, 1 y 1/2 dl. de leche, 2 cucharadas colmadas de aceite, 2 huevos, 3 limones, unas ramitas de perejil y sal.

Elaboración:


Se arrancan las hojas de los extremos de las alcachofas, y se recortan las centrales dejándolas a unos 4 centímetros de altura. Las dividimos en dos por su parte larga y las colocamos en una cazuela para después cubrirlas de agua. Se sazonan de sal y se les agrega el zumo de un limón. Se cuecen 20 minutos. Mientras tanto, se hace un picado de perejil, y se prepara la pasta de buñuelos de la siguiente forma: en una marmita se pone la harina previamente tamizada, y se le unen la leche y las yemas de los dos huevos. Se sazona y remueve, mezclándose bien dichos elementos y dejándolos reposar una hora. Transcurrido este tiempo, se escurren bien las alcachofas, colocándolas en un plato con cuidado para que no se deterioren. Las claras se montan a punto de nieve y se mezclan a la pasta, consiguiendo una composición lisa. Se pone una sartén al fuego con aceite y cuando esté muy caliente se van pasando las alcachofas por la pasta del buñuelo y se echan en la sartén friéndolas hasta que se doren, se retiran, escurriendo bien el aceite, se espolvorean ahora con el perejil picado y se adorna la fuente con las cuatro mitades de los limones restantes.



COCINA DE CAZA


Junto con la pesca, la caza ha sido la principal actividad que desarrolló el hombre primitivo para asegurar su alimentación. Con ella los seres humanos hemos mantenido la inclinación por la caza y captura de animales, aunque con un sentido bien distinto: lo que hoy es considerada una práctica deportiva más, significó en otros tiempos una de las bases de la supervivencia de nuestra especie. Si al cazador le interesa cualquier animal que corra, salte o vuele, tenga pluma o pelo, en la cocina la caza proporciona también algunas de las más escogidas delicias para los buenos gastrónomos.
La caza está considerada como una de las grandezas culinarias y representa una de las bases de la cocina histórica. La caza ha de saber a lo que es. Su paladar se puede amortiguar, pero nunca desnaturalizarse. Hay que respetar la textura de sus músculos y sobre todo el sabor de sus sangres. Esto último es esencial para captar y paladear bien el sabor. Recurso para la supervivencia cuando el homo sapiens aún no había descubierto la agricultura, la caza ha hecho un largo recorrido hasta convertirse en deleite gastronómico.




ALMODROTE QUE ES CAPIROTADA DE PERDIZ


Ingredientes:


2 perdices, 80 grs. de manteca de cerdo, 1/2 l. de vino blanco seco, 6 dientes de ajo asados con piel, 50 grs de queso de oveja curado, 2 yemas de huevo cocidas, 3/4 l. de caldo de caza, 8 rebanadas de pan de hogaza y sal al gusto.


Elaboración:


Después de limpiar y flambear las perdices, se sazonan y se ponen en una cazuela al horno a 170º C con 50 grs de manteca para que se vayan asando lentamente. Cuando hayan tomado color, se retira un poco de manteca y se añade el vino, se tapa la cazuela y se pone de nuevo al horno. Una vez reducido el vino, se agrega medio litro de caldo de caza y se deja cocer hasta que las perdices estén en su punto, entonces se parten en mitades y se reservan.

Para hacer el majado se retiran la piel de los ajos, majándolos bien y se le añade el queso rallado y las yemas de huevo mezclándolo todo con la mano del mortero.A continuación se agrega la manteca de cerdo restante y se diluye la mezcla con el cuarto de litro de caldo de caza frío.

Incorporar el majado al guiso de perdices reservado, rectificar de sal y dejar cocer unos minutos.

Aparte, tostar las rebanadas de pan, colocarlas en un recipiente hondo, remojarlas con el jugo de las perdices para que se empapen. Se disponen encimas las perdices y se cubre con la salsa introduciéndose en el horno unos minutos.




ESTOFADO DE VENADO CON PANECILLO DE PAN BLANCO


Ingredientes:


800 grs de pierna de venado, 200 grs. de cebolla, 200 grs. de puerro, 150 grs. de zanahoria, 200 grs. de tomate, 8 dl. de vino tinto, 15 grs. de mostaza en grano, 250 grs. de setas de pie azul, 1 dl. de aceite de oliva, ramillete de hierbas aromáticas (laurel, tomillo, perejil, orégano, etc.) y sal.


Elaboración:


Limpiar bien la pierna de venado y cortarla en trozos regulares. Poner a marinar la carne con las verduras cortadas en trozos no demasiado pequeños, el vino tinto, la mostaza y el ramillete de hierbas aromáticas para dejarlo todo marinar durante un día.


Escurrimos y separamos la carne de la verdura. Dar un golpe a la carne en aceite a fuego fuerte, reservar en una cazuela y añadir la verdura en el mismo aceite para rehogar. Añadimos el vino y un poco de fondo de caza a las verduras y dejamos cocer. Trituramos e incorporamos todo al venado. Terminamos de cocer todo junto hasta que el venado esté tierno. Apartar y dejar reposar un día como mínimo para que se mezclen bien los sabores.




JABALÍ EN SALSA DE ALMENDRAS


Ingredientes:


800 grs. de carne de jabalí cortada en tacos de tamaño mediano, 200 grs. de almendras, 2 cebollas, 1/4 l. de nata, aceite de oliva virgen, 1/2 l. de vino blanco oloroso y sal.



Elaboración:

Freír las almendras y reservar. Salpimentar y luego rehogar la carne a fuego medio. En el mismo aceite, sofreír la cebolla cortada en juliana y cuando ya esté blanqueada, añadir la carne. Rehogar todo removiéndolo bien e incorporar el vino. Dejar cocer durante unos 5 ó 7 minutos.


Agregar las almendras bien picadas y la nata, y dejar cocer destapado, moviendo de vez en cuando, controlando también el punto de sal, hasta que la carne esté tierna y la salsa sea espesa. Servir mientras aún esté caliente.


Dar a conocer estas breves pero intensas pinceladas gastronómicas nos hace estar orgullosos de participar en este tipo de iniciativas de recuperación de la memoria culinaria que nos legaron nuestras bien condimentadas raíces para que nunca más vuelvan a desaparecer de nuestros fuegos. Todo un viaje lleno de experiencias y una búsqueda emocionante.



Juan Sanguino Collado